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La Alianza

embarazo y toxoplasmosis

Hubo una época en que humanos y animales vivían bajo una armonía única. Existía un vínculo especial y un respeto mutuo por ambas partes, llegando incluso a mostrar una relación de aprecio y adoración. 

Cuento “La Alianza” perteneciente al libro Los colores olvidados y otros relatos ilustrados de Silvia G. Guirado, ilustrado por David Garcia Forés, Desiree Arancibia y Marta Garcia. Editorial Play Attitude

www.loscoloresolvidados.com

 

 toxoplasmosis

 

 

 

 

 

 

Dicen las tradiciones orales que este pacto tácito de amistad se selló en los días en que los hombres convivían bajo la sabia madre naturaleza. Allí, en las estepas de la más profunda Norteamérica, una tribu de indios aborígenes enfermó a causa de algo desconocido. El jefe, muy preocupado por el destino de sus hermanos, preguntó al chamán sobre la posible solución. Después de discernir y consultar los astros, el chamán concluyó que sólo una hierba que crecía al otro lado de la pradera podría salvar sus vidas.

El único joven sano salió en su busca. El camino de ida fue tranquilo. Bajo cielos estrellados recorrió la distancia a lomos de su caballo. Tras encontrar la hierba que tanto necesitaban, el joven emprendió el camino de vuelta. Pero el animal empezó a flojear. El peor pronóstico se había cumplido: la enfermedad había atacado a su amado caballo, y aunque le dio la planta mágica para comer, no hubo nada que hacer. La enfermedad había sido muy agresiva y el caballo murió, dejando al joven decaído y desorientado.

En el asentamiento el jefe y el chamán empezaban a inquietarse, pues el joven estaba tardando mucho en llegar. El jefe envió señales de humo y el chamán invocó a los espíritus. Pero ni las señales fueron oteadas en el horizonte, ni los espíritus se apiadaron del muchacho.

Para el joven, el tiempo se había detenido; la voluntad había decrecido y la sed aumentado. Su vida pendía de un hilo, cuando un animal solitario surgido de la nada se le acercó. Primero pensó que sería para atacarlo, pero sorprendentemente, sólo le olisqueó y le miró de cabo a rabo. El joven, con el poco aliento que le quedaba, tocó el pelaje recio y suave del animal. En ese momento la vista se le empezó a nublar, y cayó desplomado al suelo sumido en una profunda oscuridad.

El animal se acercó y, como si fuera un buen ladrón, le cogió su penacho de piel de toro y plumas y desapareció.

                                                                          […]

Los ojos del joven se entreabrieron, no sin esfuerzo, y pensó que ya habría entrado en el cielo. Sin embargo, frente a él, el jefe de la tribu y el chamán le escrutaban con felicidad. Con un susurro de voz, el joven preguntó qué había ocurrido. El jefe respondió: «Has sido un joven muy valiente. Sorteaste a la muerte y nos trajiste la suerte». Y el chamán continuó: «Pero más valiente que tú, ha sido el animal que nos condujo a ti. Tú nos salvaste a nosotros y él a ti».

El joven, sin apenas fuerzas, se irguió y preguntó dónde se hallaba aquel animal, pues quería agradecerle su fortuna. El jefe y el chamán le ayudaron a levantarse y caminaron hacia el exterior de la tienda. Fuera era noche estrellada y, junto al fuego, los niños y adultos jugaban y acariciaban al animal que les había salvado de su mortal destino. Al acercarse, el joven se sorprendió y preguntó al chamán: «Viejo Águila Azul, ¿pero qué animal es el que ven mis ojos?». El chamán contestó: «Podría parecer un lobo o un chacal, sin embargo, es más noble y más humano que muchos de nosotros. Los espíritus me han dicho que deberíamos darle un nombre y que tú eres el encargado de elegirlo».

Aquella era una decisión difícil y el joven respiró profundamente. Miró hacía el firmamento estrellado y divisó junto a la llamativa constelación de Orión, a la que llamaban respetuosamente el gran cazador, un grupo de astros muy peculiar.

Viejo Águila Azul, ¿cómo se llama esa constelación de allí?  preguntó mientras señalaba el cielo.

Es el Canis Maior, el constante acompañante del cazador afirmó el chamán.

Pues así lo llamaremos: Can concluyó el joven. Y, en ese momento, el animal se acercó al joven y aulló.

Creo que Can acepta su nombre y está dispuesto a ser un fiel compañero. Tú cuidarás de él y él cuidará de ti. Los espíritus así lo han querido. Una nueva alianza ha nacido y les rogamos que dure muchos años sentenció el chamán.

En ese instante nació ese pacto donde canes y humanos decidieron compartir su existencia en mutuo respeto. Y aquella alianza aún continuó por tiempo, y hay quien incluso hoy en día aún mantiene esa alianza y, sin embargo, otros que la han olvidado deberían retornar a ella. Para eso sirven algunas tradiciones, para recordarnos lo bueno que hicieron nuestros antepasados y retomar aquel espíritu de antaño.

 

Cuento “La Alianza” perteneciente al libro Los colores olvidados y otros relatos ilustrados de Silvia G. Guirado, ilustrado por David Garcia Forés, Desiree Arancibia y Marta Garcia. Editorial Play Attitude

www.loscoloresolvidados.com

 

 

 

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